La Copa América ya tiene una semana y un día de actividad y todavía no se vio un partido donde el buen juego o la garra de un equipo generen un buen espectáculo, solamente individualidades de jugadores de alta talla, desorden en la mayoría de los equipos, entrenadores caprichosos, hinchas desinteresados por el mal rendimiento de sus países, sin ganas de ver un partido por aburrimiento, nada cerca de el fútbol que conocemos los americanos.
La Argentina, país organizador de este torneo, ni siendo local consiguió alegrar a su gente, sacarle una sonrisa, generar esperanza, alegría, como lo generó en el mundial en el cual todos los argentinos se juntaban en sus casas para sentarse frente al televisor y rezar porque su país saliera campeón. Ahora son solo desilusiones, planteos, pedidos de renuncia, críticas. Ni los mejores equipos como Brasil y Uruguay nos presentan un buen partido donde nos interese mirar rodar la pelota sobre el verde césped. Los tres favoritos empataron los dos partidos que jugaron y solo uno es quién está demostrando su jerarquía y la capacidad de sus entrenadores que es Chile, que lejos de jugar al buen fútbol, es el que mejor imagen deja junto con Paraguay que a fuerza de ganas consiguieron la punta de sus respectivos grupos.
Muchos confían en los planteles de cada conjunto y más allá de los resultados sueñan con una final entre los grandes rivales de sudamérica, Brasil y Argentina, pero mirando cada partido y teniendo en cuenta sus errores y sus malas actuaciones, poco prometen.
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